DOI: https://doi.org/10.33881/IBR083
El colesterol es una molécula lipofílica esencial para el ser humano, este actúa como precursor en la síntesis de hormonas esteroidales, sexuales y vitamina D. Ingresa en el organismo a través de la digestión de las grasas, pero también es producido por todas las células, especialmente en el hígado en el cual se sintetiza a partir del Acetil-CoA. Esta sustancia al ser lipofílica debe ingresar empaquetada en lipoproteínas, llamadas quilomicrones, compuestas por un núcleo graso y una cubierta hidrofílica que permite su transporte en sangre (Huff et al., 2023).
Esta molécula lipídica, se clasifica en dos tipos: el primero la lipoproteína de alta densidad (High Density Lipoprotein, HDL por sus siglas en inglés), conocido como el “colesterol bueno”, que se encarga del transporte inverso, la prevención de placas de las arterias, posee propiedades antiinflamatorias, antioxidativas, antiagregatorias, anticoagulantes que contribuyen a la protección de enfermedades cardiacas y cerebrovasculares (Pérez, 2004); y el segundo, la lipoproteína de baja densidad (Low Density Lipoprotein, LDL por sus siglas en inglés), denominado “colesterol malo”, que se encarga de llevar la mayor parte del colesterol a los tejidos y quedarse allí, lo que ocasiona acumulación de grasa en el organismo, por ejemplo: en las arterias coronarias que riegan al corazón aumentando el riesgo de ataques cardiacos, enfermedades crónicas, problemas circulatorios, disminución del flujo sanguíneo y accidente cerebrovascular (ACV).
Autores
- Rodríguez-Pechene, Sara Elizabeth
- Galeano-Amezquita, Laura Alejandra
- Lavao-Escobedo, Mairalejandra
- Hernández-Cera, Angie Milena
- Lozano-López, Michelle Camila
- Velásquez-Silva, Betty Astrid